El brillo de la innovación
La industria mundial de la innovación tiene a Chile en la mira y no nos habíamos dado cuenta. El buen pie para enfrentar la crisis y los recursos acumulados tras el boom del cobre hacen que los fondos de capital de riesgo internacionales se alisten para desembarcar. ¿Aprovecharemos la oportunidad?
Por Marcos Kulka
Hace unos días me reuní con inversionistas de capital de riesgo de Silicon Valley. Uno de ellos estaba particularmente interesando en la fortaleza que Chile está mostrando para atraer recursos financieros, humanos y tecnológicos. “¡Sinchronicity, de Joseph Jaworski!”, me dijo entusiasmado durante la conversación, recordando el libro del prestigioso abogado estadounidense (hijo del famoso “prosecutor” del caso Watergate), que define la sincronía como la coincidencia de dos o más fenómenos en un momento predefinido, creando “un centímetro cúbico de oportunidad”. Un conjunto de factores, independientes entre sí, que por razones del destino se constituyen en una oportunidad, pero sólo por un breve lapso. “Todos nosotros, siendo o no guerreros, tenemos un centímetro cúbico de oportunidad que aparece frente a nuestros ojos de vez en cuando”, dijo en su momento el escritor Carlos Castañeda. “La diferencia entre una persona promedio y un guerrero, es que este último está consciente del fenómeno, y una de sus tareas, es estar alerta esperando que aparezca esa oportunidad, para tener la rapidez y el valor de tomarla”.
Es así. Para Chile la oportunidad ha llegado.
Si es capaz de tomarla, logrará de una vez por todas alcanzar el desarrollo a través de la única forma posible: construyendo una economía basada en la innovación.
La conjunción de los elementos
A nuestro país le faltan cerca de 130.000 millones de dólares de PIB anuales para ser bienvenido dentro del G-20, el grupo de los países más industrializados del mundo. Pero aunque usted no lo crea, Chile ya es parte del I-20, un grupo liderado por el profesor de innovación de Harvard John Kao −bautizado por The Economist como míster Creativity−, y que reúne a representantes de los países con mayor potencial innovador para buscar soluciones de alto impacto y escala para enfrentar problemas globales y complejos. A comienzos de junio, en Cavallo Point, en la bahía de San Francisco, se realizó la primera cumbre del I-20 que, de más está decirlo, no fue un evento oficial de gobiernos, sino que una iniciativa privada empujada por Kao, quien me invitó a representar a Chile (ver mapa).
¿Qué convierte a nuestro país en un foco de atención si sólo destina a investigación y desarrollo el 0,67% del PIB, mientras que en promedio los países de la OCDE alcanzan 2,26%?
La explicación se esconde en un conjunto de razones. Comience por imaginar a un inversionista de riesgo de Silicon Valley. El 27 de mayo pasado, llegó a su oficina poco antes de las ocho de la mañana. Sobre su escritorio lo aguardaba la última edición de The Wall Street Journal. Se sentó en su sillón, quizá se tomó un café, y luego de leer por un buen rato malas noticias (GM no tiene escapatoria; las ventas de Porsche caen 29%; los San Francisco Giants perdieron otra vez) encontró una extensa nota que cautivó su atención y despertó su curiosidad: “Un prudente Chile progresa a través de la crisis”, decía el encabezado.
El artículo, que ocupaba media página del diario, era una oda inusual al manejo económico de alguna autoridad, en este caso del ministro de Hacienda chileno, Andrés Velasco. “Gracias a la precaución del ministro Velasco, Chile está hoy en posición de intentar salir adelante por sí mismo de la recesión global”, leyó con atención el inversionista y, de seguro, buena parte de sus colegas de todo Estados Unidos y el mundo. Y no fue la primera vez. The Economist publicó en su edición del 19 de febrero pasado el artículo “Stimulating”, aplaudiendo el plan fiscal de 4.000 millones de dólares impulsado por La Moneda (que era, probablemente, la única nota positiva de toda la revista).
¿Por qué un inversionista de capital de riesgo, que invierte principalmente en empresas tecnológicas se ve interesado en los elogios a Velasco y al manejo económico chileno a través de la crisis? Por muchas y buenas razones. Actualmente los venture capital (VCs) se encuentran en una redefinición de su modelo. El mayor golpe se explica por las cuantiosas pérdidas financieras que han sufrido estos fondos -de altísimo riesgo, de más está decirlo-, lo que les ha valido ver reducida drásticamente su capacidad para conseguir nuevo capital. Las cifras son escalofriantes: según Pricewaterhouse Coopers (PwC), durante el primer trimestre de 2009 las inversiones de los VCs alcanzó 3.000 millones de dólares en un total de 549 operaciones. Comparado con los últimos tres meses de 2008, esto equivale a una caída de 47% en dólares y 37% en operaciones, su peor nivel en una década (ver gráfico).
Dado que utilizar financiamiento externo para su portafolio actual produciría una pérdida muy significativa de propiedad, los pocos recursos que les quedan los han reservado para sí. A la vez, un IPO (oferta inicial pública de acciones) es impracticable en el corto plazo, dada la escasez de recursos en el mercado y las nuevas regulaciones, más restrictivas como consecuencia de la crisis.
Por último, su rol de intermediario es cada día menos necesario. Se ha producido una auto selección a lo Darwin, en donde los emprendimientos más preparados y que se encuentran en etapas más avanzadas -cercanas al “market development”- son las que han sobrevivido. Ha bajado en forma considerable la asimetría de información, produciéndose una reducción importante en los costos de búsqueda de un buen deal.
Este es uno de los elementos centrales del centímetro cúbico de oportunidad. Chile tiene la posibilidad única de atraer a estos fondos que hasta ahora no habían tenido la necesidad de invertir a más de 7 millas a la redonda de su lugar de origen. Allá contaban con las ideas, el capital financiero, el capital humano y, por supuesto, la profundidad de sus mercados para colocar nuevos servicios y productos tecnológicos. Pero la crisis terminó con este paraíso.
Si miramos con atención cada una de las variables, Chile se transforma en un destino natural de este tipo de fondos, que cuando vienen traen consigo tecnología de punta y probada, redes claves en el plano estratégico, proveedores, canales de distribución, capital humano, factores críticos para el éxito de cualquier emprendimiento.
Pequeño, pero brillante
Antes que nosotros en Chile, las fortalezas que hoy muestra nuestro país para atraer a este tipo de emprendimientos ya han sido descubiertas por los VCs en todo el mundo. Y es que a la larga lista de elogios de la prensa internacional o las dificultades en los países de origen de los fondos, se deben agregar otro conjunto de factores.
El más importante es el consenso nacional en torno al objetivo de convertir a la innovación en el eje central del futuro crecimiento económico. Y, aunque no lo veamos con claridad, sí hemos avanzado en ese camino a través de un conjunto de políticas públicas. Aunque aún falta mucho por construir, los instrumentos de Corfo que permiten contribuir con recursos significativos a la creación de fondos de capital semilla y riesgo, o el crédito tributario por casi 46% del gasto de I&D al que una empresa se puede acoger si dicho desarrollo es contratado a un operador local, son avances que nos destacan ente las economías emergentes.
Basta conversar sólo algunos minutos con los ejecutivos de estos fondos internacionales para que quede claro qué es lo que ya está abriendo su apetito. Un buen ejemplo es la energía solar. En el norte del país existen todas las condiciones para su desarrollo pleno. Desde el punto de vista de los recursos, el Desierto de Atacama presenta características inmejorables (número de días despejados al año, cercanía al agua, bajo costo alternativo de la tierra, entre otros). Desde el punto de vista de la factibilidad económica, la industria minera presenta una demanda significativa para hacer de un proyecto de este tipo un negocio viable. Y por último, contamos con SQM, la empresa productora de nitrato más grande en el mundo, elemento vital para el almacenamiento de este tipo de energía. De hecho, estas condiciones ponen al norte de Chile en el mapa de los mejores lugares del mundo para capturar el interés por desarrollar esta industria, junto al Desierto de Mojave, en California; el Desierto de Négev, en Israel; y la región sur de España, en Almería.
Pero no es necesario hacer ficción. Mientras usted lee este artículo, un grupo diverso de fondos de capital de riesgo internacionales está explorando su incursión en Chile. Se trata de fondos enormes, expertos en las áreas de biotecnología, energías renovables, ciencias de la vida y tecnologías de información de futura generación. La gran virtud es que estos fondos provienen de los países líderes en innovación y desarrollo tecnológico. En particular, uno de ellos (cuyo nombre debe mantenerse en reserva mientras no se consume la operación) identifica a Chile como una plataforma que permitiría integrar lo mejor de varios destinos para luego comercializarlo en Chile y el resto de América Latina. Finlandia sería el proveedor de tecnologías de información de última generación, Silicon Valley aportaría su conocimiento en los modelos de negocios en emprendimientos basados en tecnología, se produciría en forma masiva en China, para finalmente integrar todo en Chile.
Translocation: el camino
El interés por Chile de fondos de inversión en tecnología conlleva un impacto significativo para el futuro de la economía local. El fenómeno que he planteado se conoce como un proceso de “translocation”, que no es otra cosa que el arribo de parte de dichos VCs a Chile con sus conocimientos, sus redes, tecnologías probadas y capital humano.
Para muchos VCs, la falta de recursos disponibles en sus mercados de origen es alarmante. El problema opera con la lógica que sigue: se calcula que la inversión que se requiere en un emprendimiento tecnológico (por ejemplo biotecnología), desde la fase de idea (o semilla) hasta la oferta inicial de acciones es cercana a los 100 millones de dólares. Pues bien, hoy muchos de estos emprendimientos están cerca de llegar a la IPO, pero no tienen los recursos para terminar ese camino. Aunque la tienen a la vista, se quedaron sin gasolina poco antes de cruzar la meta. De acuerdo al mismo informe de PwC, las inversiones en compañías que estaban en sus últimas etapas de desarrollo promedió 8,1 millones de dólares el cuarto trimestre de 2008; durante los primeros tres meses de 2009 esa cifra se encogió hasta 6,7 millones de dólares.
Aquí es donde surge la oportunidad para Chile. Pongamos como ejemplo a una empresa que ha creado tecnología para la industria de biotecnología. Han invertido 80 millones de dólares y sólo necesitan 20 millones de dólares antes de ingresar a la bolsa. Pero sucede que el mercado de capital de riesgo para este tipo de inversiones está seco, tal como sugieren las cifras de PwC. Lo que podría haber sido un trámite en los años del boom hoy es casi una misión imposible. Tanto, que muchos de ellos están pensando en mudarse, aunque sea parcialmente. ¿Destino? Un país que presente las condiciones de estabilidad, potencial de demanda y recursos financieros suficientes como para invertir en ellos los recursos que le faltan. Descrito como una oferta de último minuto, Chile puede “adquirir” un emprendimiento que costaría 100 millones de dólares montarlo desde la nada sólo invirtiendo 20 millones de dólares.
Este análisis se centra principalmente en el precio por empresa, sin embargo, omite el costo de apuntarle al ganador. Antes de la crisis, para apuntarle a una empresa que tuviera éxito había que al menos analizar 100, e invertir en al menos 10. Gracias a la crisis, en la actualidad sólo han sobrevivido aquellas empresas más preparadas y que se encuentran en etapas de desarrollo más avanzado, lo que reduce el costo de búsqueda de 100 a 25 empresas. Es decir, ya 75 empresas se han auto descartado del proceso de selección. Si Chile aspira a tener cinco empresas de nivel mundial en los campos de biotecnología, energías renovables y tecnologías de información -por nombrar algunos sectores de mucho potencial- bajo el esquema pre crisis podría haberle costado al país 7.500 millones de dólares (inversión en 10 empresas de un total de 100 revisadas, con un promedio de 50 millones de dólares por empresa, por cinco empresas por sector en tres sectores potenciales). En el escenario actual esta cifra se podría reducir a 450 millones de dólares (inversión en 3 empresas de un total de 25 revisadas, con un promedio por inversión de 10 millones de dólares por empresa, por cinco empresas por sector en tres sectores potenciales). Eso cuesta “comprar” una entrada a la industria de la innovación: 450 millones de dólares, lo que equivale al 39% de lo que Chile gasta en innovación en sólo un año. Y en este caso sería una inversión por una sola vez.
Además de las plataformas tecnológicas como un elemento clave para la transferencia de conocimiento, está el capital humano sofisticado que permita acompañar dichos desarrollos y emprendimientos.
En este contexto, surge un nuevo elemento para construir el llamado el centímetro cúbico de la oportunidad. Si miramos con atención parte de las economías más innovadoras en el mundo, que tuvieron en las últimas décadas del siglo XX un crecimiento explosivo, y que hoy producto de su apertura al mundo han sufrido las consecuencias de la crisis financiera global, bajando su crecimiento en cifras entre 5% y 10% de su PGB con el consiguiente aumento de la tasa de desempleo, nos encontramos como país en una posición privilegiada para atraer dicho capital humano sofisticado y especializado en áreas de interés estratégico para Chile. Es el caso de España en energía solar y eólica, Islandia en energía geotermal, Irlanda en ciencias para la vida, o Corea del Sur en tecnologías de información. Existe la posibilidad de acelerar en forma significativa nuestro conocimiento a través de este mecanismo. Y nuevamente Chile responde en forma excepcional por su estabilidad financiera, por sus incentivos a la innovación y atracción de talentos, por su seguridad y buena calidad de vida. Pre crisis habría sido impensado acceder a este tipo de capital humano, pero hoy es una realidad. Fundación Chile se encuentra hoy en el proceso de importar capital humano de alta sofisticación en varios campos de acción.
¡Acelera!
Chile ha avanzado mucho en materia de innovación en los últimos años. Hoy existe consenso que este es el elemento central para la competitividad de los países y las empresas. La cantidad de nuevas acciones, políticas, discusiones en torno a la innovación de los últimos años no tiene comparación a lo realizado en toda nuestra historia anterior. Contamos con fondos para la innovación y la competitividad, donde además existe un consejo público-privado que asesora en sus directrices estratégicas a un grupo interministerial que decide en última instancia. Los recursos disponibles del sector público se han incrementado todos los años en forma acelerada.
Sin embargo, todavía queda mucho por avanzar. Al analizar el gasto total de I&D se perciben al menos de dos fenómenos importantes. Primero, dos de cada tres pesos del presupuesto total se destina a la ciencia básica y a la formación de capital humano y sólo uno de cada tres a la transferencia tecnológica (ver gráfico). Segundo, el sector privado invierte sólo un tercio del gasto total en I&D y el resto proviene del sector público. Los países industrializados apuestan dos tercios de su presupuesto al desarrollo de nuevas aplicaciones (que sí tienen potencial productivo inmediato) y el sector privado aporta dos tercios del gasto total del país. En definitiva, estamos haciendo las cosas al revés.
Dicho de otra forma, Chile ha estado apostando por el camino más largo e incierto hacia la innovación. El camino comparativamente más rápido, corto y seguro consiste en atraer el talento, asimilar el conocimiento y establecer redes internacionales, beneficiarse de ellas, y ahorrarse parte de la que puede ser una interminable curva de creación de conocimiento. Este camino es el que han seguido un grupo de países que en un corto tiempo han logrado construir un pilar innovador para sus economías. Y de eso mismo habla el concepto de “translocation”: de participar en fondos que invierten en Chile, y que en dicho proceso traen el conocimiento de manera más rápida que desarrollarlo desde cero.
Jeffrey L. Furman y Richard Hayes identificaron un grupo de países que fueron capaces de dar un salto acelerado en su desarrollo. Los llamaron “Innovadores emergentes”. Entre ellos se cuenta Dinamarca, Corea del Sur, Finlandia, Islandia e Irlanda. Estos países no tenían las mismas ventajas históricas que beneficiaron a Alemania o Japón en su recuperación de la post guerra. No estaban reconstruyendo economías destrozadas que habían tenido un legado histórico de liderazgo innovador. Al contrario. Se estaban construyendo desde la nada. Y lo que hicieron fue desarrollar economías imitadoras para luego transformarse en líderes innovadores a través de un aumento sistemático y continuo de sus compromisos con la innovación.
¿Algún buen ejemplo? Parte central de la estrategia finlandesa fue la constitución de un fondo de capital de riesgo soberano (bautizado como Sitra), cuya misión es no sólo financiar emprendimientos riesgosos locales, sino que además, invertir en el extranjero. Sitra ha invertido en más de 20 fondos de capital de riesgo fuera de sus fronteras. ¿Solidaridad nórdica? Nada de eso. Es el vehículo que esa economía construyó para tener acceso a información sobre oportunidades en el mundo, contactos internacionales que permitan evaluar de mejor forma las tendencias de desarrollo tecnológico y establecer una red de negocios y financiamiento que permitan el crecimiento internacional de compañías finlandesas. “La diferencia entre el guerrero y una persona promedio es que el guerrero está consciente del centímetro cúbico de la oportunidad, y está deliberadamente esperando que aparezca”.
Varias crisis a lo largo de la historia han demostrado que la tecnología es el elemento central de resurgimiento. Hoy las tecnologías claves que podrían hacer despegar nuestros sectores estratégicos, donde Chile sí tiene masa crítica, están más baratas y accesibles. Hay disponible capital humano sofisticado en el mundo a precios factibles para nuestra economía. Por primera vez los fondos de capital de riesgo están mirando Chile como una plaza atractiva. Chile en la actualidad posee varios subsidios e instrumentos de apoyo a la innovación, tales como el apalancamiento a fondos de capital de riesgo, la atracción de centros extranjeros, créditos tributarios, que hacen más atractivo aún el arribo a nuestro país. La sincronía se ha producido y tenemos la oportunidad -quizá por única vez- que los eventos y elementos esenciales coincidan para que Chile no sólo acelere su crecimiento y acorte camino al desarrollo. En el pasado, Chile se ha hecho conocido por la creación de un innovador sistema de administración de los fondos de pensiones, por la capitalización pública de los bancos en la crisis de los 80 o más recientemente por la regla del superávit estructural. Es momento de poner a Chile en el mapa en las áreas de futuro que hoy mueven al mundo.”
Visto en: Chilepd





